sábado, 14 de febrero de 2009

Hogar dulce hogar


Esa tarde al salir de mi trabajo, me dirigía como de costumbre a casa. Siempre tomaba el camino más corto; me gustaba que el viento soplara y acariciara mi rostro. De manera muy misteriosa y extraña observé que dos hombres se acercaron lentamente. Caminé más deprisa porque me asusté. Al instante corrieron tras de mí y lo siguiente que aconteció es algo muy cruel y doloroso para un hombre tan joven como yo. A mis veinticinco años debía enfrentarlo, ser abusado sexualmente no era algo muy grato y menos cuando estas a punto de casarte.

Los siguientes meses callé y quise demostrar mi felicidad por mi matrimonio con Raquel. Todo estaba listo para la boda civil dentro de un mes. Cada día le pedía a Dios y le suplicaba que me ayudara a guardar el secreto para no causarle daño a mi familia. Finalmente llegó el día de la boda, pero el momento más difícil fue estar en la cama con mi esposa. Tuve que hacer el mejor drama, aunque no lo conseguí, pues ella me conocía muy bien; terminó por darse cuenta de que algo me sucedía. Mi esposa era realmente encantadora, todo lo que un hombre puede desear. Ella fue muy sensata y nunca me pregunto nada.


Pasaron un par de años y nació mi hijo. José, al que adoré tanto. Cuando llegó a formar parte de la familia se convirtió en nuestra mayor dicha e ilusión. Nos dedicábamos cuerpo y alma a él. Sus primeros tres añitos los disfrutamos con tanta emoción. Teníamos un matrimonio feliz y estable, porque, aparentemente, aquel trágico acontecimiento de años atrás no había impedido que continuara con mi vida.

La crisis de nuestro matrimonio comenzó cuando José inició la escuela. Siempre me mantuve alerta de lo que pudiera sucederle a mi hijo. Me encargué de hacerle ver a José de la importancia de ser un hombre. Lo sobreprotegía y creo que hasta lo atormentaba. A diario le preguntaba cómo se sentía siendo hombre y que él no debía olvidar ni por un momento eso.


Mi trauma seguía en mente solo que ahora existía otro problema. Me había convertido en un bisexual; me gustaban hombres y mujeres. Engañé a Raquel cuantas veces pude. Conciente o inconscientemente la golpeaba cada vez que llegaba borracho a casa. Mi hijo estaba totalmente frustrado, aunque ya era todo un muchacho, se escondía en su habitación y en ocasiones lo escuché llorar. No podía más. Me transformé en una bestia que ni siquiera yo soportaba.

Una tarde cuando estaba teniendo sexo con Carlos, escuché un estruendo en casa. M e enfadé, asuste e impresioné al ver junto a mí a José. Fue extremadamente horroroso saber que tu hijo te descubre en el acto y no con una mujer, sino con un hombre. Me vio con odio, récelo y con lágrimas en sus ojos dijo: te volviste loco, eres de lo peor, me has decepcionado; sin más palabras corrió y se puso una pistola en la frente y se disparó. Lo siguiente que ocurrió es algo demasiado doloroso que ustedes puedan imaginar y ya no me atrevo a contar.

lunes, 9 de febrero de 2009

Los famas y los cronopios


Un té por la tarde

Un fama y un cronopio fueron invitados a tomar té a casa de un vecino. Ambos llegaron al mismo tiempo. El señor les abrió amablemente la puerta, y dijo: pasen adelante pónganse cómodos, están en su casa. El fama se sentó cuidadosamente en el sófa de la derecha y el cronopio en el de la izquierda. El vecino deseaba conversar y preguntó que comó les había ido en sus labores del día. El ambiente estaba callado y aburrido. Hasta que el cronopio decidió contar un par de chistes y salvar así la reunión de esa tarde.


Autobús

Cuando los cronopios salen de casa, eligen el autobús rojo, el más colorido. Desde que suben, saludan al conductor con una voz fuerte y elocuente. Los pasajeros se dan cuenta rapidamente de que un cronopio ha abordado el autobús. De pronto, suena una canción y el cronopio comienza a bailar y a cantar por todos lados. A veces, las personas se incomodan por su actitud impertinente y extraña. Pero casi siempre se divierten al verlo bailar.


Amigo incondicional


Desde que tengo uso de razón, él siempre ha estado a mi lado. Me sostuvo entre sus manos y dio conmigo los primeros pasos. Todavía recuerdo, como si hubiese sido ayer, cundo montamos juntos la bicicleta. Yo le pedía que no me soltara. En mi enfermedad, veló mi sueño y me protegió para que no pasara dolor. Verdaderamente es un hombre genial.


A pesar del tiempo, sigue siendo el mismo. Con una sonrisa, una palabra de aliento y su carácter jovial. Todas las personas que lo rodean y lo conocen llegan a quererlo mucho. Se gana el corazón y el respeto de los demás. Le gusta ayudar y servir a todo aquel que lo necesita. Siempre dispuesto de forma comprensiva y solidaria.

En algunas ocasiones, parece estar enojado, pero fácilmente se contenta y deja atrás su mirada de tristeza. No le gusta estar solo. Constantemente nos pide que lo acompañemos. Nosotros sus hijos gozamos de su amor incondicional.


Sin embargo, todas las tardes lo rodean cientos de jóvenes, con los que le fascina disfrutar de un buen entreno. Él es entrenador de fútbol. Cada sábado lo acompañamos a la cancha. Es ahí donde demuestra sus habilidades al dirigir el juego de los muchachos. Por lo general, no le gusta perder un partido y casi nunca sucede.

Yo admiro mucho a mi padre. Deseo que siempre esté junto a mí y me ayude a seguir caminando.

viernes, 6 de febrero de 2009

El balón mágico


Una tarde de jueves, cuando entrenábamos fútbol en el parque, se nos acercó un hombre. Su cabello estaba cubierto de canas y eso denotaba su edad. Parecía un poco agitado y con una mirada cansada. Él era entrenador de fútbol y nos comentó que, cuando fue joven, jugaba fútbol. Decía que al vernos esa tarde entrenando con tanto entusiasmo, se recordó de una vieja historia y decidió contarla: encontró un balón mágico este balón le dio todas las destrezas para jugar de modo que lo convirtió en un campeón. A Raúl y a mí nos pareció sumamente gracioso. Pensamos que quizá el viejito estaba completamente loco.

Después de varios años de haber escuchado aquella cursi historia, Raúl tuvo un sueño, en el que nos encontrábamos un balón mágico, de color naranja y una estrella blanca en el centro. Cuando despertó, no dudó en llamarme un contarme aquel extraño sueño. Le dije que mantuviera la calma, que no se asustara, que solo fue un sueño.

Los días transcurrieron rápidamente, pero seguimos entrenando arduamente y jugando fútbol, por que esa era nuestra mayor pasión. Un día, al terminar los entrenos, cansados y exhaustos, nos recostamos sobre el césped todos se habían marchado, excepto nosotros. Cuando, derepente, vimos aparecer una pelota naranja, corrimos tras ella. Raúl la tomo entre sus manos. La pelota comenzó a hablar. Nos decía que éramos muy afortunados en poseerla y que, de ahora en adelante, debíamos jugar solo con ella. Estábamos atónitos y verdaderamente impresionados; no podíamos creer lo que estaba pasando.

Nos dirigimos a la casa y ocultamos la pelota por varios días. Seguíamos entrenando y tuvimos algunos partidos que los perdimos. Raúl me decía que se sentía decepcionado de tanto perder. Pensamos un largo rato y decidimos sacar aquella pelota que tal vez sería nuestra salvación. Le propusimos que si nos hacía ganar el juego del sábado, jamás dejaríamos de jugar con ella. Encantada, aceptó la propuesta. Sólo puso un requisito: que la tratáramos con mucha amabilidad y, por supuesto, gracia. El sábado por la mañana, al llegar a la cancha, le dijimos a nuestro entrenador que necesitábamos entrenar con ese balón, pues su presencia nos daría confianza en el campo de juego. Un poco extrañado, nos concedió esta rara petición. Cuando inició el partido, tocábamos muy bien el balón, teníamos dominio en el juego y existía la clara posibilidad de ganar. Al minuto veinticinco, Raúl anota su primer gol y lo celebra con una gran alegría. Al terminar el primer tiempo, halamos con la pelota. Realmente estábamos sorprendidos de los que estaba pasando, pero felices de haberla encontrado. La pelota nos dijo que de ahora en adelante nos acompañaría y se volvería nuestra fiel amiga. Comenzó el segundo tiempo y, después de un par de minutos, yo anoté el segundo gol, momentos más tarde, Raúl anota su segundo gol, que completaban tres y nos daba la victoria.

“Cumplimos nuestro logro”, decía, muy contento, Raúl. Cansados, sudorosos y sedientos, sin ánimos de nada, nos detuvimos a pensar por un instante, que todo esto era sumamente extraño. En ese momento, sentimos que despertábamos de un largo sueño. En realidad, así fue: nada de esto había sucedido sino que nuestro subconsciente asimiló la idea de hablar con una pelota y retomamos la historia que aquel viejo entrenador nos contó, pues gracias a eso recobramos la confianza en nosotros mismos y eso nos volvió triunfadores.

jueves, 5 de febrero de 2009

Infancia de dulces recuerdos


Llevo en mi mente y en mi corazón el recuerdo del ser más dulce y amoroso que he podido conocer. Estuvimos juntas desde que nací. Junto a ella aprendí a dar mis primeros pasos, pues aunque no era mi madre parecía serlo. Mi abuela fue y seguirá siendo un verdadero ejemplo a seguir.


Aun tengo grabada y perenne su immagen en mi memoria. Veo su rostro un poco cansado de tanto caminar por la vida. Sus cabellos que parecen de plata, su sonrisa sincera y una mirada tierna. Todavía imagino sus abrazos que siempre me cobijaban cuando estaba triste. Recuerdo aquellas tardes en que nos sentábamos en el patio trasero de la casa, me sentaba entre sus piernas y escuchaba detenidamente los cuentos e historia que tanto me hacían sonreír.


Sin embargo, las personas que tanto amamos algún día se tienen que ir. Es la ley de la vida que lo decide. Ella y yo tuvimos que separarnos cuando tenía diez años. Y a pesar de que todos dicen que murio, yo sigo amándola y recordándola cada día. Porque donde quiera que esté su recuerdo, permanecerá en los corazones de todos aquellos que la queremos.


Abuelita, la vida nos volverá a juntar.

Escritores de la libertad


La vida es de constantes retos y desafíos. En más de alguna ocación nos toca enfrentar obstáculos. Pero eso no quiere decir que unos sean más fáciles que otros. Los conflictos que se presentan en la película "Escritores de la libertad" nos reflejan formas de vida que nos parte de nuestra realidad. Cada personaje experimenta un suceso diferente que marca trascendentalmente su destino.



Sin embargo, al analizar detenidamente cada historia personal hay una estrecha semejanza entre una y otra. El personaje que me causó más impacto fue el de Eva, que a la edad de ocho años vive la agonía de perder a su padre. Ese momento queda gravado en su memoria y vive con el recuerdo de que "los blancos" se llevaron preso a su padre. Con el correr del tiempo esa vivencia repercute en su carácter y su comportamiento agresivo hacia los demás.



Por otra parte, la Sra. Gruwell, quien es una profesora recién egresada sin ninguna experiencia laboral, trata de orientar a sus alumnos para que puedan encontrar el verdadero propósito y sentido de sus vidas. Ella lucha contra maestros y directores, ya que ellos piensan que el método de trabajo que emplea no es el más adecuado. No obstante, debe demostrarles a todos que con amor, esfuerzo y dedicación pueden cumplirse las meta.



Al ver esa entrega de Erin Gruwell para con sus alumnos y el coraje de cada uno de ellos, puedo reflexionar y darme cuenta de lo importante que es no darse por vencido, de lo maravilloso que es vivir para servir a los demás. Hay que tener en cuenta de que nunca es fácil romper barreras, pero tampoco es imposible.



Finalmente, de esta bonita historia puedo retomar la fe y la esperanza que no debemos perder. Luchar en la vida es de valientes y saber luchar es de inteligentes.

Descubre un nuevo mundo a través de la lectura.


Espero que todas las personas que visiten mi blog se sientan identificados con algun escrito. Quiero que descubran lo valioso e importante que es escribir..
 

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