
sábado, 14 de febrero de 2009
Hogar dulce hogar

lunes, 9 de febrero de 2009
Los famas y los cronopios

Amigo incondicional

viernes, 6 de febrero de 2009
El balón mágico

Después de varios años de haber escuchado aquella cursi historia, Raúl tuvo un sueño, en el que nos encontrábamos un balón mágico, de color naranja y una estrella blanca en el centro. Cuando despertó, no dudó en llamarme un contarme aquel extraño sueño. Le dije que mantuviera la calma, que no se asustara, que solo fue un sueño.
Los días transcurrieron rápidamente, pero seguimos entrenando arduamente y jugando fútbol, por que esa era nuestra mayor pasión. Un día, al terminar los entrenos, cansados y exhaustos, nos recostamos sobre el césped todos se habían marchado, excepto nosotros. Cuando, derepente, vimos aparecer una pelota naranja, corrimos tras ella. Raúl la tomo entre sus manos. La pelota comenzó a hablar. Nos decía que éramos muy afortunados en poseerla y que, de ahora en adelante, debíamos jugar solo con ella. Estábamos atónitos y verdaderamente impresionados; no podíamos creer lo que estaba pasando.
Nos dirigimos a la casa y ocultamos la pelota por varios días. Seguíamos entrenando y tuvimos algunos partidos que los perdimos. Raúl me decía que se sentía decepcionado de tanto perder. Pensamos un largo rato y decidimos sacar aquella pelota que tal vez sería nuestra salvación. Le propusimos que si nos hacía ganar el juego del sábado, jamás dejaríamos de jugar con ella. Encantada, aceptó la propuesta. Sólo puso un requisito: que la tratáramos con mucha amabilidad y, por supuesto, gracia. El sábado por la mañana, al llegar a la cancha, le dijimos a nuestro entrenador que necesitábamos entrenar con ese balón, pues su presencia nos daría confianza en el campo de juego. Un poco extrañado, nos concedió esta rara petición. Cuando inició el partido, tocábamos muy bien el balón, teníamos dominio en el juego y existía la clara posibilidad de ganar. Al minuto veinticinco, Raúl anota su primer gol y lo celebra con una gran alegría. Al terminar el primer tiempo, halamos con la pelota. Realmente estábamos sorprendidos de los que estaba pasando, pero felices de haberla encontrado. La pelota nos dijo que de ahora en adelante nos acompañaría y se volvería nuestra fiel amiga. Comenzó el segundo tiempo y, después de un par de minutos, yo anoté el segundo gol, momentos más tarde, Raúl anota su segundo gol, que completaban tres y nos daba la victoria.
“Cumplimos nuestro logro”, decía, muy contento, Raúl. Cansados, sudorosos y sedientos, sin ánimos de nada, nos detuvimos a pensar por un instante, que todo esto era sumamente extraño. En ese momento, sentimos que despertábamos de un largo sueño. En realidad, así fue: nada de esto había sucedido sino que nuestro subconsciente asimiló la idea de hablar con una pelota y retomamos la historia que aquel viejo entrenador nos contó, pues gracias a eso recobramos la confianza en nosotros mismos y eso nos volvió triunfadores.
jueves, 5 de febrero de 2009
Infancia de dulces recuerdos

Escritores de la libertad

Por otra parte, la Sra. Gruwell, quien es una profesora recién egresada sin ninguna experiencia laboral, trata de orientar a sus alumnos para que puedan encontrar el verdadero propósito y sentido de sus vidas. Ella lucha contra maestros y directores, ya que ellos piensan que el método de trabajo que emplea no es el más adecuado. No obstante, debe demostrarles a todos que con amor, esfuerzo y dedicación pueden cumplirse las meta.
Al ver esa entrega de Erin Gruwell para con sus alumnos y el coraje de cada uno de ellos, puedo reflexionar y darme cuenta de lo importante que es no darse por vencido, de lo maravilloso que es vivir para servir a los demás. Hay que tener en cuenta de que nunca es fácil romper barreras, pero tampoco es imposible.
Finalmente, de esta bonita historia puedo retomar la fe y la esperanza que no debemos perder. Luchar en la vida es de valientes y saber luchar es de inteligentes.
Descubre un nuevo mundo a través de la lectura.
